El viernes pasado fue un gran día para recordar, fuimos al musical del Rey León, al pre estreno en Madrid, y además gratis, conseguimos una primera fila en la planta de arriba para poder verlo absolutamente todo, incluyendo a los percusionistas (orgasmo) de los laterales.
Comenzó con el Ciclo de la vida y juro que a partir de ese momento se me erizaron los pelos de la piel y no pararon ni un sólo segundo, le agarre la mano cuando tenía ganas de llorar, y no de pena, si no de emoción. Maldita sea, estaba allí, viendo un musical por primera vez, viendo uno de los mejores musicales de la historia, viendo el musical de mi película de animación favorita, estaba en el más precioso Limbo.
Fue inevitable no sufrir una infinidad al ver el momento trágico de toda la historia, si no puedo soportarlo en una película estando en el sofá de mi casa, menos iba a poder conseguirlo estando en un teatro a escasos metros de la historia; ese "papa, papa" mata a cualquiera y a mi me mato y como era obvio, terminé llorando: de pena, de emoción y de alegría; joder, estaba allí mismo.
Cada personaje, cada detalle, hecho a la perfección, y a pesar del cambio en algunas partes de las letras (es obvio, es una adaptación y además no es la película) fue increíblemente insuperable. La música, el vestuario, el decorado, los efectos, los diálogos, los actores, todo, absolutamente todo. Y aunque siguiera alabando con mil palabras como fue me parecería insuficiente.
Enamora de principio a fin y si por mi fuera, iría cada viernes a disfrutar de uno de los mejores espectaculos que he visto en mi vida.
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