Es como una montaña rusa, de repente estoy tan arriba que siento que la adrenalina ha tomado el control y puedo conseguir lo que quiera, que de repente estoy tan abajo que no creo que nada vaya a hacer que me sienta en lo más alto.
Y es que aunque me encanten las montañas rusas, siempre tuve miedo a las alturas y nunca me vi capaz, hasta que claro está, me monto, y una vez arriba me puedo creer la reina del mundo, olvidarme de que la atracción tiene que terminar y no querer volver a poner los pies en el suelo, hasta que en fin, termina y vuelvo al mismo punto donde estaba.
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