Y es cuando te preguntas ¿Y ahora qué?
Todos tenemos un punto débil, muchos de nosotros lo escondemos y otros lo ignoramos. La mayoría de las veces se puede estar tranquilamente como si dicho punto no existiese, pero no sabes lo fácil que puede ser verlo, tenerlo y sentirlo, y en ese momento, ¡Zas!, estás perdido.
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