Etapa de transición, esa etapa en la que algo ha cambiado tu vida casi por completo y tienes que acostumbrarte. Es una de las mayores montañas rusas en cuanto a emociones se refiere, un día puedes estar ilusionado y creer que lo conseguirás todo y al día siguiente sabes que sólo te estás engañando y que no conseguirás nada de lo que te propongas.
Cometemos muchos errores, por eso de necesitar más de todo y aferrarnos a lo que sea. El ansia por volver a pertenecer a algo se hace insaciable, llegando al punto de que seguramente, metamos la pata, porque hemos dejado actuar a los sentimientos más de la cuenta.
Cada cosa mala nos duele como si matasen el corazón a balazos, cada cosa buena nos eleva para que la caída sea aún mayor a la que ya te diste previamente, y mientras, mientras sólo esperamos a que una de esas dos cosas ocurran.
Dejamos de ser nosotros mismos y pasamos a ser una versión dolida y despechada. Somos más fáciles y hacemos cosas demasiado atrevidas. No cobramos entrada para subir a la montaña rusa.
Estamos deseando tanto, tantísimo, que vengan tiempos mejores que incluso se nos olvida que no estamos tan mal como otras veces. Todo se multiplica, y todo vuelve a dar vueltas.
Y sólo te quedan dos opciones, dejar que te coma, o terminar con ella; pero claro, volvemos a necesitar tiempo y somos demasiado impacientes.
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