Y entonces llega Madrid y en cosa de tres o cuatro semanas se queda con parte de mi corazón, y mira que sabía que pasaría, si con sólo un día ya me abrió los brazos y nunca jamás quiso soltarme.
El momento en el que sientes que Plasencia no tiene el poder que tenía antes, y que sólo estás deseando coger el coche para volver a lo que has sentido como tu hogar. Que claro, por ciertas cosas, una, se siente más madrileña que placentina, y no se trata de decirle "adiós" al hogar dulce hogar, se trata de que, sin querer, esto se ha convertido en lugar de paso, de descanso, o llamémosle x, pero que ya no te saca una sonrisa a la mínima, al menos la ciudad, la gente, que es lo que menos mal que queda para alegrarme, pues sí, no toda, claro, que esta ciudad, es la ciudad.
Pero Madrid, podías tener un día de mierda, y oye, ahí estaba, hacía algo, y sonrisa. Y Plasencia ¿Qué? Dueles, no me siento en casa, sí pero no.
Vuelve a por mí, Madrid, vuelve a por mí.
0 comentarios:
Publicar un comentario