La vida, y todo sería más fácil si fueramos niños pequeños: inocentes, confiados, dispuestos a tirarnos a la piscina sin miedo (y rompiéndonos un diente por idiotas, pero nos tiramos), valientes, dispuestos a comernos el mundo, arreglando las cosas con miradas, sacándonos la lengua, y risas, con un par de abrazos y darnos las paces, y caminando sin miedo a nada, sin pérdidas, y sabiendo que todo estará bien, pase lo que pase.
Pero claro, crecemos y nos volvemos incrédulos, desconfiados, valientes pero a la vez con miedo, y dejamos de hacer todas las tonterías por algunos segundos que son los que más dictan la vida, nos centramos más en los "debería" y menos en lo que "quiero", y se nos olvida el sentido de la vida, el cual es reírnos de todo, y con todos. Dándolo todo lo mejor de nosotros y dejándonos de estúpideces que sólo nos lleva a ser un poco más mayores, e infelices.
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